Madurez y responsabilidad: lo que no quieren asumir hoy en día

Cuando decidí comenzar este blog, en el año 2008, estaba en mi primer año de estudiante de Técnico Analista de Sistemas Computacionales. No era una carrera fácil. de 22 alumnos que éramos en primer año, solo terminamos 2 sin echarnos ningún ramo. El fuerte era la programación y a veces pasaba noches sin dormir, escribiendo programas en especial en el tercer año formal de estudio. (entonces eran 3 años más práctica y examen de título), sin contar los otros ramos. Para entonces, contaba con 26 años y ya tenía más que claro que era lo que me gustaba, aun cuando de chico me llamaron la atención los computadores (que para entonces con suerte tenían la consola). El cómo funcionaban, era lo que me atraía y eso quería saber. Con el tiempo me fui adentrando. Hoy después de 11 años, ya no solo soy técnico si no que continué mis estudios en la universidad. Si bien entré 8 años tarde, ese período me sirvió para ir madurando lo que realmente quería hacer, algo difícil de asimilar a los 18 años.

El por qué escribo esto: hace unos días, estudiantes de la facultad de arquitectura de la Universidad de Chile, salieron a protestar, por el «exceso» de trabajo que implica estudiar la carrera. Lemas como «Tengo sueño» o que no tenían tardes libres etc. eran sus consignas. La verdad en parte entiendo que estudiar una carrera superior, independiente si es técnico profesional o universitaria, implica poco tiempo de ocio, sin embargo, encuentro fuera de lugar la protesta. Piden que se suavice prácticamente la exigencia. Entiendo que hay profesores que no son precisamente buenos enseñando su conocimiento. Es más, se perfectamente lo que se siente no tener tiempo, ya que trabajaba y estudiaba a la vez. El problema que veo yo, es que estos jóvenes, a diferencia de muchos, no le toman en peso a sus decisiones, las cuáles, salvo excepciones, son tomadas supuestamente a conciencia y a sabiendas de lo difícil que es el camino.

Me explico: legalmente en Chile, la mayoría de edad se alcanza a los 18 (antiguamente era a los 21). Saltamos de la adolescencia, época en que las responsabilidades eran menores, a una en que tenemos que tomar decisiones, sabiendo que habrán consecuencias, sea buenas o malas, en cada una de ellas. Podemos equivocarnos y si, es complejo no sentirse frustrado, pero se supone que la familia te educa para eso. Te enseña que la vida no es tan sencilla y que habrá cosas que no nos van a gustar, situaciones que no serán nunca como creemos. En resumidas cuentas, que los hechos no siempre se van a ajustar a lo que queremos, incluso serán más veces las que nos equivoquemos, que las que no. Eso es algo que una persona adulta, debe saber y asimilar.

El gran problema entonces es que los jóvenes de esta década, no aprendieron nada de eso. Muchos fueron criados entre algodones y a pesar de todas las herramientas y oportunidades con las que cuentan, no las saben utilizar. Para peor, muchos asumen que por el hecho de ser ellos, se les debe dar todo en bandeja. Esto en gran medida, es responsabilidad de los padres. Muchos de mi rango etario o bien mayores. Esos que viven evocando la nostalgia del ayer, pero que son permisivos ante las actitudes de sus hijos, a los que nunca les enseñaron responsabilidades. Otros, les traspasaron sus frustraciones y una gran mayoría, los consintió demasiado. Crecieron entonces, pensando que todo lo que deseaban, debía cumplirse, incluso que «por derecho», debían acceder a la educación superior y prácticamente, salir titulados, sin mayor esfuerzo. No digan que no es así. Solo unos pocos entienden el sacrificio, pero en una época en que las cosas son más simples, el esfuerzo es tomado como un obstáculo y no como una fortaleza. Eso cría adultos débiles. Normal entonces, que existan algunos que aún creen ser adolescentes y que, ante cualquier caída, buscan culpar a otros y creen derechamente, que el mundo les debe algo.

Es por eso que ya no compro su «lucha», ni sus protestas. Las de hace algunos años, podríamos considerarlas en algunas ocasiones «válidas», pero las de ahora, son berrinches, salvo contadas excepciones. Recuerden una cosa: nadie les debe nada, como tampoco nadie tiene que hacerse responsable de sus errores, más que ustedes mismos. No pueden pasarse la vida, esperando que otros, sea individuos, familia o el Estado, les preste ropa cada vez que la cagan. No pueden entonces, exigir cosas que, como adultos, deben lograr. Cada decisión, tiene consecuencias. Asumirlas y corregirlas a tiempo, es de adultos. Háganse responsables de una buena vez.

El mundo nunca fue color de rosa. Nunca ha sido, es ni será, lo que queremos que sea. Serán más veces las que nos equivocamos, que las que no. Aprender de esos errores, es lo que nos hace más fuertes y sabios, pero se parte asumiéndolos. El Universo es indiferente. No conspira ni a favor ni en contra de alguien. Lo que decidas ser y/o hacer, dependerá de ti. Si no se sienten preparados para algo, no intenten hacerlo, ni siquiera para agradar a alguien cercano, porque ellos no viven tu vida. No tienes que hacer lo que sociedad dicta necesariamente, salvo el respeto a las libertades de otros y siempre que no te perjudiquen a ti, ni tú al resto. Cuando asimilen eso, serán realmente maduros. Se los dice alguien que ha tropezado mucho y que también ha sentido la frustración de no poder lograr cosas, salvo que entendí que muchas cosas eran errores netamente míos. Eso me hizo lograr sueños y metas que antes parecían imposibles, no sin sacrificio. Yo espero que lo entiendan y no se compren la idea de que los demás deben, por ser ustedes, hacer algo en vuestro beneficio.

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