Corrupción, Alud y otras yerbas: la culpa no es (solo) del chancho

En estos primeros meses del año que vigente, muchas cosas han pasado, que tienen al actual gobierno de la señora Bachelet, la de la sonrisa popular y aire maternal, dándose cabezazos contra un muro. Mismo contexto con la oposición. Boletas extendidas a empresas por financiamiento de campañas, negocios anti éticos del hijo de la mandataria, entre otras situaciones que tienen a la opinión pública sumida en una ola de recriminaciones hacia quienes son las autoridades elegidas por ellos, e incluso entre ellos mismos, defendiendo cada uno su color político. Sumémosle también la tragedia vivida en el Norte de Chile, además de los constantes incendios en el Sur y la tardía reacción gubernamental en estos. Todo se convierte entonces en caldo de cultivo para lanzar el rumor (que no pasa mas allá de eso) de la posible renuncia de la presidente en ejercicio. Después del salto mis impresiones sobre toda esta ola de sucesos por todos conocidos. 

Ciertamente no se ve bien la situación.  En especial porque la presidenta, supuestamente, llegó al poder con el discurso de combatir la desigualdad, haciendo suyos los eslóganes de educación gratuita y de calidad, mejores empleos y la disminución de la brecha social. Cosas en las que no creo que nadie este en desacuerdo. Sin embargo, su entorno era el mismo que vimos durante 20 años. Solo cambió el nombre a Nueva Mayoría, que a estas alturas, no es ni nueva ni mayoría. La alta abstención en las elecciones pasadas dieron pie a la reelección.  De ahí en adelante, solo ha sido tropiezos, demagogia y la acostumbrada falta de liderazgo de la señora. Todos sabían que solo venía a salvar lo que quedaba de la Concertación; sin embargo no ha podido levantar a la alicaída coalición. Es más, actualmente se esta hundiendo con ella. Se revive el escenario que vivió en su primer mandato, pero será muy difícil que retome la popularidad que alguna vez tuvo.

En 2006, Internet aun era algo prohibitivo para muchos y en cierto modo, tabú. Las redes sociales en boga (Facebook y Twitter) estaban en pañales y las que estaban eran más para uso lúdico (aunque los foros ponían temas de contingencia, incluso en los canales de IRC). Pero ese año empezaba la sociedad poco a poco a movilizarse. La revolución pingüina fue muestra de ello. La ayuda que da la inmediatez de las redes sociales e internet ahora se usa también para temas de contingencia. Datos, información, fotografías. Todo al instante. Sin embargo hay que saber separar la paja del grano. La gente, de buena fe o por ignorancia, suele compartir todo sin cuestionárselo. El rumor de la renuncia de la presidenta, no pasó mas allá de eso, pero los opositores la difundieron y el oficialismo no la desmintió. Rumores de pasillo que se convierten en verdades absolutas, solo porque lo dijo el amigo del amigo del que hace el aseo en el pasillo. La gente aun no aprende de que algo que pasa de boca en boca, se va agrandando a cada momento, incluso se cambia completamente. Lo que llega al texto en las redes sociales termina siendo la versión mas disparatada de eso.

Sin ser la opción que deseaba para dirigir el país, es más, recordando su anterior paso por La Moneda, tengo que hacer cierta defensa, ya no de los casos de corrupción (donde están ambos bandos metidos) ni del posible tráfico de influencias del hijo para negocios de especulación inmobiliaria (que es imposible que no supiera). Mas bién de la tragedia del Norte. Ha sido inoperante. Solo basta recordar el terremoto de Tocopilla del 2007 (que al final asumió su reconstrucción la administración de Piñera) o lo acontecido el año pasado en Valparaíso y el mismo norte., pero aquí hay que separar aguas. Si bien los terremotos son impredecibles ( por mas que se masifiquen supuestos predicadores en twitter) son, junto con el incendio de Valparaíso y el Alud, situaciones que se podían prevenir y que nadie, desde que tengo memoria, ha querido hacerlo. Desde las autoridades hasta las mismas personas. Si, porque como individuos y parte de una sociedad, tenemos que tener claro lo que se puede y no puede hacer. No en todas partes uno puede levantar una casa o un poblado. No porque en el Norte llueva tarde, mal y nunca, significa que no pasará y haré mi casa en una zona riesgosa “porque el río no va a crecer”. Lo mismo con el incendio; si nadie se preocupa de limpiar el pasto seco cerca de un lugar, entonces la probabilidad de que una chispa o algo que provoque un calor excesivo, obviamente originará un incendio. Es cosa de sentido común. Luego es fácil culpar a la autoridad, que claramente tiene responsabilidad, pero no podemos, como ciudadanos, delegar la que nos compete. Tienen culpa en la gestión de los planos reguladores, en las políticas de prevención (información, planes de contingencia, etc.) pero si no somos pro activos, no esperemos que las cosas salgan bien.

Recuerden la ley de Murphy. “Lo que puede pasar, va a pasar”. Asumamos también nuestra culpa. Y no nos dejemos llevar solo por lo que sale en Internet. Es algo que ya por lo menos, he escrito harto en este blog. Hasta entonces.

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