La libertad de expresión y la alienación de conciencias.

Bufones. De los primeros en hacer humor satírico contra los nobles y creencias de su tiempo.

En épocas antiguas, los reyes y nobles dominaban a la plebe quienes -generalmente por miedo- jamás levantaban la voz para hacerse oír en las puertas de los castillos. Ni siquiera los parientes que convivían con semejante estirpe, podían pronunciarse sin cuestionar nada. La palabra del gobernante era ley, aunque metiera la pata hasta el fondo. Excepto una persona: el bufón real. En sus rutinas solía burlarse de estos, de sus costumbres, creencias, incluso de su aspecto e higiene, aunque lo hacía indirectamente. Las pocas veces que fue directo, el calabozo era el castigo mas suave. No enfadaban al rey pero se atrevían a cuestionar su autoridad con chistes y actuaciones que hacían reír incluso a este. Podríamos decir que este señor era la voz de los que no se atrevían a cuestionar ni a satirizar nada que tuviera que ver con la clase gobernante o su corte. Siglos han pasado desde entonces. La gente es mas culta que antaño y en este mundo globalizado, tienen mayor acceso a la información (buena o mala) que antes. Con ello también evolucionó la sátira. Ya no era propia de comediantes ni de bufones reales. Actualmente, están en boga los memes, que se usan en tono de burla hacia personas, ideas o cualquier cosa. Todo puede transformarse en algo gracioso (o como otros dicen, cualquier idea se puede transformar en algo porno).

Una de las portadas de Charlie Hebdo retratando al"profeta" Mahoma.
Una de las portadas de Charlie Hebdo retratando al”profeta” Mahoma.

Sin embargo, también surge disensión. No es poco común que a algunos no les guste que satiricen sus costumbres y formas de vida. Se ve mucho en twitter últimamente, en especial entre mis compatriotas, quienes defienden lo políticamente correcto (o lo que ellos entienden por correcto, ya que es difícil entender para algunos la ironía). Si haces un chiste de algo que provoca incomodidad en el medio, lo mas suave será una chuchada y hasta podrían querellarse. Por lo menos eso se puede ver por aquí. Muy disímil a lo que ocurre en otros lados, donde proliferan las dictaduras o teocracias. Ni siquiera los bufones se salvarían de perder la cabeza.

Lo que sucedió hace unos días en Francia, con el atentado y asesinato de 12 periodistas del periódico satírico Charlie Hebdo, mostró lo dividida que está la opinión actualmente. La gran mayoría repudió el acto, un verdadero atentado a la libertad de expresión en el país origen de la Ilustración, mientras otros ponían los peros: que ellos se lo buscaron, que hay que respetar “creencias” etc. Aquí en Chile los pasquines alternativos, prácticamente aplaudían estos actos (guiados claramente por su ideología) o ponían los peros de arriba. El problema es que ninguno dimensiona lo que esto significa. Ni los que lo repudian, ni los que lo justifican (nuestra herencia mestiza busca precisamente justificar estas cosas con el famoso etnocentrismo, como si aquí no lo hubiera) entienden lo que significa el radicalismo, en este caso el islámico. Es la imagen viva de la barbarie, similar a la que derribó culturas como la clásica grecorromana. Aquellos que se convierten en yihadistas, lo hacen convencidos de que se unen a una gran causa, que es obligar a otros a convertirse al Islam. Lo mas curioso, a la vez de lo que menos asimilan, es que la mayoría de estos son jóvenes atraídos por los imanes que predican en las mezquitas levantadas para el inmigrante musulman y que muestran un rechazo al estilo de vida occidental. Ese que garantiza la libertad de expresión, incluso aquellas que van en contra de ella. Gente que se crió bajo esas premisas. Y esto es transversal. Entre los radicales que se han ido a unir a las filas del EI, hay chicos de barrios pobres como de buena situación. Embelezados por una doctrina que promueve el sometimiento del infiel, la visión de la mujer solo como consorte y que la palabra escrita en un libro de mas de 1000 años es la verdad absoluta (no distinto de la religión cristiana claro está).

Igualmente en nuestro lado occidental se ven radicalismos. Muchos de ellos por causas que comenzaron siendo grandiosas, como el feminismo, o los derechos de minorías sexuales, pero que se han convertido casi en sectas y que incluso te mandan querellas amparados en leyes supuestamente hechas para proteger a todos (como la Ley Zamudio) pero que al final resultan ad hoc para sus ideas radicales. De hecho, podríamos hacer una sátira de las feminazis y no faltarán las que salten con lo del “patriarcado” y cosas por el estilo, que ni ellas entienden. Símil a los islámicos de ese tipo.

Tampoco podemos desconocer la influencia que está ganando las posturas más jacobinas del cristianismo: los evangélicos pentecostales. Lo del pastor Cid e incluso actualmente el pastor Soto, no son cosas que podamos dejar ajenas. Líderes religiosos que convencen con carisma a una no despreciable cantidad de personas sugestionables, que buscan creer en algo. No se diferencia del Islam radical, salvo que, en la creencia cristiana, no se hace referencia directa a la conquista y conversión como en la primera (de hecho Mahoma era , aparte de profeta, dueño de  su propio ejército), sin embargo si tuvieran un arma la usarían contra quienes no se sometan a su doctrina. Tal como los gobiernos totalitarios del pasado. Y son estos grupos, de líderes delirantes y seguidores enajenados,  los que mas se ofenden con las sátiras hacia ellos.

Hay sátiras que ofenden si. También tiene sus delimitaciones. No es correcto pasar a llevar la dignidad de las personas por ejemplo. Sin embargo nadie dice que las creencias o costumbres que parezcan extrañas y cuestionables no lo sean. El fanatismo religioso, la política, las modas, las conspiraciones y los charlatanes, hasta las opiniones pueden ser convertidas en objetos de burla. La sátira en cierto modo es una forma de protesta, de mostrar situaciones reales que muchos tratan de desconocer o hacerse los lesos. Desde sus inicios fue la voz de los sin voz, que con dosis de humor y sarcasmos, fue desnudando las falencias de los considerados “divinos” en algún momento. Por eso, a pesar de lo peros que se puedan presentar, de los temores, de la autoprotección de la vida, tan natural en nosotros y de lo que se considere políticamente correcto, hay que aplaudir a los valientes que se atreven, pese a las amenazas, a hacerlo. A ir mas allá, aunque sus vidas corran peligro o sean despreciados. Después de todo, como la curiosidad,  es parte de ser humano.

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