El Profesor.

Imagen de contexto. Gran Profesor Onizuka. Si pueden, lean el comic.

Cuando era niño, tuve profesores muy buenos, otros regulares y otros derechamente pésimos. Algunos con gran vocación y otros que no sabes que estaban haciendo ahí en un Aula. Con algunos aprendí muchas cosas, con otros simplemente nada. Sin embargo, todos hacían lo mejor que podían. Estudié en la educación pública, como muchos de mi generación. No era un alumno destacado en las notas, mas que nada por flojera (reconocer esto es difícil) pero siempre saqué buenas lecciones de mi experiencia como estudiante.

Cuando uno es niño, no comprende en principio lo difícil que es ser profesor. Las horas sin dormir, preparando las lecciones, corrigiendo pruebas, entregar pautas, planificando etc. Algunos tienen que trabajar en mas de un colegio para tener un sueldo acorde. Costaba entender el sacrificio de quienes escogieron enseñar. Ahora que lo conozco in situ (sin ser profesor) me doy cuenta que muchas veces juzgué mal la actitud de los profesores hacia nosotros. Claro que esto no excusa a los malos docentes. Esos que entraron a la pedagogía porque “no les daba para más” o que lo hicieron por una plaza en el servicio público, donde despedir es casi tabú. Sin embargo se nota el estrés de enfrentarse (en especial en recintos públicos) a alumnos que muchas veces toman actitudes que van de la indiferencia a la agresividad, tanto de alumnos como de colegas (en especial cuando son nuevos), apoderados y gente en general. Muchos culpan al profesor d que su hijo sea una desgracia, cuando muchas veces no es así. Todos conocemos las falencias del sistema y el profesor es al primero que apuntan.

Hace poco tiempo me tocó vivir la situación de enseñar. Como parte de mi trabajo, tuve que realizar capacitaciones en la plataforma digital que administro, a los docentes: muchos de ellos con suerte sabían abrir el correo electrónico. Había que tener paciencia en especial con ellos. Ahí uno nota lo difícil que es enseñar (además de vencer mi pánico escénico, ya que nunca he sido de hablar ante mucha gente) y las diferencias que hay de aprendizaje entre un individuo y otro y solo hablo de enseñar en aula ya que el trabajo del profesor incluye mas cosas ya mencionadas mas arriba. Y si es difícil pero al final deja algo que creo sienten los profesores de vocación. Una vez que termina la clase y ves que hay progreso, sientes una satisfacción de que hiciste algo para que ese alumno aprendiera.

Hace mucho tiempo me preguntaron si, con todo lo que sabía entonces, me hubiera gustado ser profesor. Lo pensé un momento y después dije que no. No porque fuera una profesión mal pagada (cosa que es un hecho) ni por alguna mala experiencia con algunos docentes “malos” (que las tuve). No quise serlo porque simplemente no me siento apto para la enseñanza. Hay que tener paciencia y yo no tengo mucha. Hay que dedicar mucho tiempo aun fuera del colegio y yo hago muchas cosas en ese tiempo. Hay que tener personalidad para estar frente a muchas personas y yo me siento mas seguro en un pequeño cubículo y hablo lo justo y necesario. Esas razones me hicieron desistir, a pesar de las últimas experiencias vividas.

Puedo estar muy en desacuerdo con la dirección que tiene la docencia hoy en día, que valida solamente algunas aptitudes en los estudiantes que tiene a cargo, ejemplo evaluar bien y felicitar a quien sabe matemáticas que al que dibuja. Al que lee e interpreta bien el castellano y no al que lee música (que es más difícil). También puedo reprobar a quienes se mofan en los pasillos o públicamente del alumno considerado “porro” (y no digan que no ha pasado) cuando puede tener mas talento que muchos de los considerados buenos, sin embargo lo que haga una persona no debería enlodar a todos los que comparten dicha profesión, en especial  a los que escogieron ser profesores porque sintieron que era su vocación, que siempre tuvieron aptitudes para la enseñanza. Eso se ve muy poco hoy en día, donde se privilegia (y le puedes preguntar a cualquier joven universitario o a punto de serlo) la situación financiera, “vivir bien” que lo realmente te gusta y te atrae (por mucho que aboguen por igualdad, una vez que salen y encuentran un trabajo que les de para vivir bien, se les olvida todo). Es la principal falla del sistema y de nuestra cultura en general. Eso es lo que hay que arreglar.

A todo esto: feliz día a los profesores. A los buenos para que sigan mejorando, a los regulares, para que superen esa regularidad y a los pésimos y que escogieron la profesión porque “no les daba para más”, para que entiendan que enseñar no es algo baladí. A parientes amigos y conocidos que escogieron esta profesión y a quienes en más de una ocasión, les saqué un ceño fruncido o una sonrisa por alguna opinión a favor/en contra en situaciones puntuales. Créanme que los entiendo mejor que nadie. Y por último a los que me enseñaron a mí. Algunos con los que aun tengo contacto y son hasta mis amigos. Gracias por lo que me enseñaron, por tenerme paciencia y por permitirles aportarles también parte de mi conocimiento (eso es para otra historia). Disfruten.

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