Reivindicando las maquinitas.

Punto de reunión de los gamer de los 90 (los que no teníamos consola)

Hace ya bastante tiempo que no escribía. Había dejado de lado muchas cosas pero ha sido por instancias más importantes que han ocurrido en los últimos meses. Al reciente fallecimiento de mi abuelo, el momento más triste de lo que llevo de vida, también debo agregar uno que me tiene sumamente feliz, que es el que he logrado entrar a la Universidad a una continuación de mis estudios técnicos a ingeniero. Un camino nada fácil pero que hace 10 años no habría imaginado.

Hablando de ese tiempo el post de hoy viene referido a algo que los nacidos en los 80 y criados en los años 90, seguro les trae recuerdos y son nuestras queridas maquinitas de videojuegos. Así es. Aquellas maquinitas que ya prácticamente no se ven pero para quienes rondábamos los 11 o 12 años, pensábamos que serían eternas (tal como la juventud). Bien ¿Por qué de pronto me vino esta nostalgia? Resulta que cada vez que entro a redes sociales, me encuentro con gente que se hace llamar “gamer” y se agrupan, tal como de una tribu urbana se tratara (de hecho lo es, aunque no les guste a algunos).

 En los años en que crecí, autodefinirse así era prácticamente un estigma. Te trataban de loco o vicioso, además que nadie que no tuviera consola se podía autodenominar así. Aunque no lo crean los que se han criado con ellas. Hace solo unos 15 años tener una consola Play Station y mucho antes, un Súper Nintendo era prohibitivo (como un computador). Los que no disponíamos de dinero, nos íbamos a los locales de videojuegos que estaban en nuestro barrio. Con unas cuantas monedas, podías pasar una tarde entera (de hecho con 100 pesos te daban 4 fichas en el 96) si eras lo suficientemente bueno en algún juego en particular. Yo por lo menos lo fui en varios. Los lugares fueron criticados muchas veces, en especial por los padres. Recuerdo en las noticias hacían notas tendenciosas ante esto (y otros temas, para que vean que no es nuevo eso, los que se dice “despiertos”) y prácticamente nos tenían como parias a los que íbamos. Ahora han pasado los años y hacen hasta ferias y festivales del videojuego que se han vuelto populares y las publicitan en los mismos noticieros que antes los denostaban. Al final, las noticias y la TV en general solo va donde calienta el sol y les de buenas entradas por publicidad, en especial en la TV abierta.

Sin embargo en esa época y a pesar de las miradas de los “preocupados por la sociedad” o los “niñitos bien que se llamaban así mismo gamers”, uno era feliz. Yo lo fui. Cuando jugaba a la salida del Liceo o bien, en alguno de esos aburridos fines de semanas en Villa Alegre, era un momento en que me distraía de todo, junto con otra vieja afición que tengo que es dibujar. Costaba a veces tener la moneda para ir a jugar. Si no la había iba solo a ver, en especial cuando llegaba el “técnico” con algún juego nuevo. Ese momento era sublime, como cuando uno recibe un regalo sorpresa. Todos los chicos de la cuadra esperando a ver que venía. Algunas veces te decepcionaba o bien te gustaba (después de todo, uno no era el que escogía el juego) pero es un momento que muchos han olvidado y los que rondan la edad que mencioné al principio prácticamente desconocen.  También recuerdo que hice muchas amistades en ese entonces. Amistades que perduran en el tiempo, a pesar de que podemos diferir en nuestra forma de pensar y que ahora prácticamente no los veo nunca.

No voy a mentir que muchas veces, distraje todos mis deberes de estudiante por ir a jugar, pero eso nunca me convirtió en un delincuente ni en un antisocial (bueno, hay momentos en que prefería alejarme de los demás). Tampoco a mis amistades, a pesar de todas las tonterías que se decían en ese entonces. Y también a pesar de que no me agradan mucho los gamers actuales (que veo más antisociales y agrandados que los de entonces) siento que el mundo del videojuego ya no es tabú como en aquellas épocas y eso es algo que se ha ganado con el tiempo. Eso sí, no olvidemos que fue gracias a esas maquinitas, reemplazadas por tragamonedas en muchos negocios, que muchos supimos que era un videojuego y lo disfrutábamos.

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