Mi viejo.

 

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Es imposible creer que ya no estés acá.

 

Hace ya 2 semanas que partiste. 14 días en los que aún pienso que estás cuando llego a casa. Fue todo muy repentino. Un día estabas viendo el fútbol con nosotros y al otro estabas ya no estabas. Aun siento mucha pena por lo ocurrido. Siempre me imaginé el día que partirías al Elíseo, pero una cosa es pensarlo y otra vivirlo. Llegar del trabajo y que me avisen que estas por partir, me hizo correr como nunca. Te pedí que no te fueras , quizás esperanzado en que te quedarías por lo menos un tiempo pas, pero no había nada que hacer. No pude evitar llorar abrazando tu cuello. Un dolor que no se irá. 

Crecí a tu lado. Fuiste el padre que nunca tuve. Preocupado por todos los que vivíamos contigo. Nos aceptaste a todos por igual. Yo siempre te sentí cercano. Tengo muchos recuerdos bellos. El día en que compraste mis primeros ternos en Linares cuando tenía 11 años, los que me duraron hasta hace poco (cierto no crecí mucho tampoco) o cuando íbamos en los primeros días de Diciembre a comprar los insumos para tu tradicional pan de pascua. Eran días para mi felices ya que nunca fui de salir mucho, en especial en vacaciones. Los viajes a Santiago a ver a tus otros hijos, nos íbamos elegantes, tal como te fuiste tu en tu último viaje, ese que pospusiste hasta que llegué para despedirte. Siempre agradeceré eso.

Me mostraste el lado bueno del sacrificio por otros. Si bien hablábamos mucho de todo lo que pasó en tu vida, hay cosas que me quedaron cuando hablabas de todo lo que tuviste que dejar por tus hermanas, luego por tus hijos y nietos. Tenías sueños propios pero renunciaste a ellos por los demás. Nunca vi a alguien tan desinteresado. Aún así la vida te premió con una enorme familia, que quizás tuvo muchos problemas pero que hace ya varios años se ha vuelto a unir como cuando yo era niño. Familia que nunca te dejó de lado, por muy lejos que estuviéramos. Ganaste algo que muchos, por mucha plata que tengan o viajes al extranjero que presumen incluso hoy en día en redes sociales, no tendrán que es el cariño de mucha gente, tanto familia como gente ajena a ella. Amigos que te hiciste en el camino sin pensarlo. Te ganaste el respeto de gran parte del pueblo que te cobijó desde 1960.

Pasamos muchas penurias y se mucho lo que te dolía que no pudiéramos tener las cosas que necesitábamos en algún momento. Cuando nos cortaban la luz durante un mes, alrededor de una vela todos reunidos. Esos momentos quizás en un principio no eran felices pero ahora que lo veo, fueron excelentes. Pasábamos horas conversando. Me contabas cosas de épocas que no viví pero que inmediatamente aparecían en mi mente como si realmente estuviera ahí. Sobre lo de tus auto sacrificios en beneficio de gente que querías. En cierto modo también lo he hecho sin darme cuenta desde chico, a pesar de que tu no querías eso para mí, pero me he sentido feliz de poder ayudar a los míos sin pedir nada a cambio.

Panadero desde que eras niño, trabajador incansable, recuerdo esos días en que te ibas a trabajar de noche. Cuando ya el pan no se vendía trabajaste en una barraca de madera, nuevamente de noche, pero llegabas en el día y hacías el pan para la casa. Para el terremoto junto con mi hermano, que heredó tu talento y tu hermoso oficio, nos surtiste de pan que escaseaba en todos lados y regalaste como lo hiciste alguna vez en tu juventud, a gente desconocida pero necesitada.

Perdóname, aunque se que lo hiciste, por no haber sido un buen nieto en algunos períodos, pero seguro tu entendías el ímpetu de la juventud. No entendía mucho en ese entonces, por qué era yo al que escogías siempre para ayudarte, habiendo más en casa. Con el tiempo me di cuenta. tenías confianza en mí. Pensaba que no era el mejor en nada y tenía mi autoestima en el suelo. Querías mostrarme que era capaz, tal como mi mamá lo hizo también. Eras el más feliz del mundo cuando me titulé de Analista de Sistemas, tan feliz que hiciste una completada en la casa con los que estábamos ahí. Fue uno de los momentos mas felices y que mas disfruté en mi vida, o cuando celebraste los cuatro años de mi sobrina. Tu ‘pikilin’ como le decías y le cantabas.  Cosas que a mí me han dejado huella.

Ahora ya estas en los Campos Elíseos, junto con tu hija Margarita Antonieta que nos dejó 7 meses antes. Trabajaste duro toda tu vida por todos. Me viste convertido en un verdadero hombre y me siento orgullos de, ante la ausencia de un padre biológico, tenerte como el mejor padre que uno podría tener. No fui el mejor nieto, quizás no cumplí las espectativas depositadas en mí por tí o por otros, pero te hacía feliz verme feliz. Ahora te toca descansar. Mientras los recuerdos no mueran, seguirás vivo entre nosotros. Gracias y Adiós Mi viejo querido.

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