Recuerdos y lecciones en mi año en Santiago.

Ya han pasado varios días desde que me fui a Talca. Estoy en una pieza con una ubicación privilegiada, cerca de mi trabajo, viviendo con lo mínimo; luz, agua, gas, una cama de 1 plaza. Cualquiera diría que es poco pero para mí es suficiente. Comenzando una nueva vida, desde el 2004 que no dejaba la casa. Claro que esta vez ha sido diferente.

Hace 10 años, cuando me fui, lo hice sin nada. Treinta mil pesos sin contar el pasaje. Llevaba un bolso con mi ropa y algunas cosas que me podían servir. Tenía donde llegar, ya que estaría con mis mejores amigos, quienes me tendieron la mano. Me iba con una caja de ilusiones sobre el futuro, el amor y el éxito que acá me eran negados. Fue una decisión apresurada ciertamente, y quizás errónea como muchas que he tenido en mi vida, pero de cada paso que uno da, aprende una lección. La que aprendí yo es que Santiago no era una ciudad coma para mi forma de vida. Todos parecen estar paranoicos. Van de aquí para allá sin mirarse. No existe solidaridad, salvo en pequeñas y muy exclusivas excepciones, entre los peatones. Ese año tuve altos y bajos, más de los últimos que de los primeros.

Ciertamente irse a la capital es un gran riesgo, ya que dejas todo lo que conoces y aprecias atrás para tomar un rumbo desconocido. El problema está en que sin preparación en la selva de cemento, es difícil hacerse un camino, más cuando estas deprimido al ver tus constantes fracasos. Vivir con el sueldo mínimo allá es sumamente difícil. Muchas veces pasaba por casas de estudios superiores y a mis 22 años de aquel entonces, me veía frustrado al no poder estudiar también. No fueron muy alegres mis días allá, en especial por la incertidumbre.

Sin embargo no todo fue malo. En cierto modo retomé mis raíces. Nací allá y tuve una infancia feliz cuando viví buen tiempo en esos lados. Con lo poco que ganaba me las arreglaba para no pasar zozobras. Caminaba por la Plaza de Armas de Santiago, que entonces estaba muy cambiada pensando en muchas cosas. Retomé el dibujo y la escritura. En especial escribía sobre los momentos que pasaba allá. Ahora los miro y encuentro que, a pesar de las dificultades, he superado esas penas y frustraciones de antaño. Ahora se me abren nuevas puertas. Desde que volví el 2005 que empecé a planificar lo que ahora me tiene con mejor ánimo, sin temor a la incertidumbre y con mayores expectativas.

Siempre hay posibilidades de salir adelante. Quizás nunca sea lo que soñaste o lo que pretendiste ser en algún momento. No obstante, si tienes la valentía y la convicción de lograrlo, aprendiendo de tus errores, y en especial, sin mirar con ojos envidiosos lo que otros han logrado, las cosas saldrán. Quizás tarde un tiempo más, pero lo conseguirás.

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